Manuel Lapuente encuentra un dolor escondido en esta suerte de algazara que tienen los técnicos extranjeros en la fase final.
La explicación no tiene nada de espiritualidad, “es porque el dirigente confía más en el extranjero que en el mexicano y así funciona ¿Que si es injusto? No, porque es su dinero y su inversión, pero no me gusta y me parece una afrenta a tanto técnico mexicano que tiene más capacidad que otros que están con trabajo”.
Este hombre, que llevó una vida dinámica en los banquillos, hoy aguarda en su casa de Atlixco, a los 76 años, una oportunidad más.
El caso más reciente es el León, que al finiquitar su relación con Ignacio Ambriz, contrató al argentino Ariel Holan, quien será un rostro nuevo en la Liga MX.
Para Manuel Lapuente, el manejo actual de los directivos es un suicidio lento, sobre todo por desprenderse de la Copa Libertadores y apuntar relaciones con la MLS. Como terapia de ayuda al técnico mexicano, Manuel Lapuente pondera la carrera de Javier Aguirre, técnico que viajó por España, Japón y Egipto hasta caer de nuevo en la liga mexicana, en la que fue campeón hace 22 años. En definitiva, Manuel Lapuente cree que el problema no está en la cancha, sino que viene desde los escritorios que manejan el futbol mexicano.