Disney tiene planificados sus próximos años de producción de películas en base a una fórmula que ha comprobado que le brinda cuantiosos beneficios: hacer nuevas versiones de carne y hueso (y CGI, ehem) de sus clásicos de animación.
Tras la revalidación de la receta este mismo año con el libro de la selva y haciendo sitio en el parking de sus oficinas para los camiones cargados de billetes que llegarán cuando estrene La bella y la bestia en 2017, la Casa del Ratón no para de aumentar su calendario de futuros remakes de acción real.