Disfrutar de un buen vino, no sólo depende de éste en sí, sino del recipiente que elijamos para beberlo, pues al verterlo despertaremos aromas, podremos apreciar su color y ello impactará en nuestra experiencia de sabor.
Es por eso que elegir la copa ideal para cada tipo de vino es tan importante –ya sea tinto, blanco o espumoso–así como, el material del que estará hecha.
Gabriela Petriz, sommelier de Viñedos La Redonda descartó utilizar vasos o copas de plástico para servir el vino pues no habrá el mismo juego de aromas, colores y se moficará el sabor… a menos que nos encontremos en una alberca, donde este material nos ayudará a evitar accidentes.
Las copas de cristal están hechas de un material microporoso que genera adherencia, por lo que ‘las piernas’ o escurrimientos son más visibles. Son brillantes y su transparencia es impecable. La capacidad de refracción de este material permite entregarse por completo a la experiencia visual.
Su material, más delgado y fino -aunque ligeramente más pesado que el vidrio- acumula por más tiempo las aromas del vino.
Además, en caso de caer o golpearse sólo se fractura una parte de la copa, por lo que son menos peligrosas.
En cambio, las copas de vidrio son lisas y el vino no tiene tanta adherencia en las paredes del cáliz, por lo que observar el fenómeno antes mencionado será más complicado. Son más gruesas debido a que no contienen plomo, material que influye en que no se conserve la temperatura del vino.