La idea de asociar un lazo con una causa no es nueva, pero el lazo rosa como símbolo del cáncer de mama se consolidó durante los años 90.
Según registros, el primer lazo rosa fue introducido por la fundación Susan G. Komen, que regaló viseras rosadas a sobrevivientes de cáncer de mama que participaban en carreras para recaudar fondos contra la enfermedad.
Más adelante, en 1992, Alexandra Penney (editora de la revista Self) y Evelyn Lauder (vicepresidenta de Estée Lauder) tomaron esta idea y la impulsaron para hacer del lazo rosa un emblema de concientización.
Lauder motivó a su empresa a distribuir estos lazos en sus tiendas, mientras Penney lo integró en la edición anual de la campaña NBCAM (National Breast Cancer Awareness Month).
Este lazo se volvió una herramienta poderosa porque es visual, reconocible y fácil de replicar en distintos formatos: en prendas, carteles, eventos y redes sociales.
De ese modo, se transformó en un símbolo que une esfuerzos individuales y colectivos en torno a un mensaje claro: no estás sola, la prevención importa y el apoyo es imprescindible.
Significados detrás del moño rosa.
El moño rosa adquiere varios sentidos simbólicos que hacen que su uso no sea superficial:
Visibilidad: ayuda a visibilizar el problema del cáncer de mama en espacios públicos y privados, recordando que la enfermedad existe y necesita atención.
Solidaridad: quienes lo portan muestran empatía hacia las personas que enfrentan el cáncer, como señal de que no están solas en este camino.