Ramiro Valencia decía constantemente que su mayor anhelo era disfrutar su jubilación en La Cinta, su humilde rancho en Guanajuato.
Ese fue su objetivo desde 1992, cuando emigró a Estados Unidos con su hermano menor. Este inmigrante mexicano vivió 28 años en un ambiente de campo muy parecido al de su tierra, en Sioux City, una pequeña ciudad en el noreste de Nebraska. Allí lo sepultaron este lunes.
Cuando recién llegó a EEUU, Ramiro encontró trabajo en una planta de procesamiento de carne de la empresa Tyson Foods en Dakota City y decidió quedarse un tiempo. Apenas ahorró lo suficiente volvió a México por su esposa y sus hijos. “Estaba muy contento en su trabajo, le gustó el lugar -aquí en Nebraska- y por eso se trajo a su familia”, contó a Univision Noticias su cuñada Evangelina Valencia.
“Siempre decía: ‘Ya nada más llego a tal edad y me voy a disfrutar mi casita que hice allá’. También le decía a su esposa: ‘Al rato nos vamos, mujer, que allá está mi mamá sola’”, recordó ella.
Este inmigrante mexicano jamás buscó otro empleo. Con el paso de los años Tyson Foods le fue ofreciendo mejores puestos, hasta que un día dejó las agotadoras líneas de producción y comenzó a trabajar en la lavandería de la planta. No faltó a su trabajo siquiera cuando surgió el primer caso de coronavirus, ni después de que falleció un empleado por esa enfermedad. Varios otros se ausentaron.
A Ramiro le surgieron malestares, pero pensaba que era por la limpieza de la fábrica. “Dijo: ‘Yo me siento como que me caló el químico’. Pero pasaron los días y ya no volvió a ir a trabajar. Fue al doctor, le dijeron que se hiciera la prueba del coronavirus y dio positivo”, relató su cuñada.
El 7 de abril, tres semanas después de que se sintió mal, Ramiro falleció. Tenía 57 años. Este lunes fue velado y sepultado en Dakota City. Su deseo era que lo enterraran en Guanajuato, pero sus familiares no quisieron que lo incineraran para trasladar sus restos a México (un requisito del gobierno de ese país). Fueron pocos amigos y se turnaron para despedirlo en la funeraria y el panteón.
Su viuda está contagiada del covid-19 y también es uno de los 4,300 empleados de Tyson Foods en Dakota City. “Uno no puede darle un abrazo de ánimo, ni nada. Solo por teléfono. Eso es lo más triste de esta situación”, lamenta Evangelina Valencia.
Según Valencia, la empresa no ha dado ni un centavo para el funeral del hombre que trabajó para ellos durante 28 largos años. Ni siquiera les ha llamado para darles el pésame. Esta familia ha tenido que abrir una cuenta en GoFundMe para cubrir los gastos del sepelio, colectando más de 7,500 dólares.
A través de un comunicado enviado a esta redacción, Liz Croston, vocera de Tyson Foods, comentó sobre la muerte de este inmigrante: “Estamos profundamente tristes por la pérdida de un miembro del equipo en nuestras instalaciones de Dakota City. Sus familiares y seres queridos están en nuestros pensamientos y oraciones”.
La portavoz subrayó que la prioridad de la empresa es la salud y la seguridad de su personal. Pero no mencionó si ofrecen ayuda económica a los deudos. “Estamos trabajando con los departamentos de salud locales para gestionar el impacto de esta pandemia en los miembros de nuestro equipo, sus familias y nuestras comunidades”, agregó Croston.
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