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CUBA CELEBRA CENTENARIO DE FIDEL CASTRO ENTRE APAGONES, FALTA DE MEDICAMENTOS Y COMBUSTIBLE

En una ventana de La Habana, el rostro de Fidel Castro vuelve a ocupar un lugar familiar. Leonel Suárez, electricista de 54 años, sostiene una fotografía del líder revolucionario antes de colocarla. La besa.

El gesto parece pertenecer a otra época, pero ocurre en una Cuba que llega al centenario del nacimiento de Fidel Castro atravesando una de las crisis económicas y sociales más severas de las últimas décadas.

Suárez conserva desde hace más de diez años fotografías y objetos relacionados con la Revolución cubana en un pequeño bar instalado en su vivienda. No vende sus recuerdos. Fidel, dice, fue «un maestro».

Pero la realidad económica ha comenzado a poner a prueba incluso las convicciones más arraigadas. Cuando un turista le ofreció 100 dólares por una fotografía de Castro, Suárez se encontró frente a un dilema que resume las contradicciones de la Cuba actual.

Hay que vivir», dice.

La frase funciona como una fotografía de la isla en el año en que se conmemora el nacimiento de quien gobernó Cuba durante casi medio siglo.

El Partido Comunista de Cuba, único partido político autorizado en la isla, dedicó la semana del aniversario a homenajear al fallecido dirigente revolucionario mediante exposiciones, conciertos y conferencias.

El 13 de agosto marca los 100 años del nacimiento de Fidel Castro, pero la celebración ocurre lejos de los años de mayor esplendor simbólico de la Revolución.

Cuba, con una población de alrededor de 9.4 millones de habitantes, enfrenta una fuerte presión de Washington y una crisis caracterizada por la escasez de alimentos y agua y los apagones crónicos y el combustible.

La celebración oficial y la vida cotidiana transcurren, así, en dos escenarios paralelos.

Por un lado, está el Fidel histórico: el comandante, el dirigente que enfrentó a Estados Unidos, sobrevivió a intentos de asesinato y condujo a Cuba durante décadas.

Por el otro, está la Cuba de hoy, donde conseguir alimentos se ha convertido para muchas familias en una batalla cotidiana y donde los cortes de electricidad forman parte de la rutina.

«Ya Fidel no está»: la ausencia convertida en explicación
En La Habana Vieja, Rogelio Valdivia trabaja entre herramientas, paredes agrietadas y electrodomésticos. Chapista y pintor de neveras, tiene 54 años y se define como «fidelista».

En su taller construyó una suerte de santuario dedicado a Castro.

Ya Fidel no está y todo el mundo no tiene la capacidad que tenía Fidel», afirma.
La frase condensa una de las interpretaciones que todavía persisten entre quienes consideran que la figura de Castro funcionaba como un factor de cohesión y autoridad frente a las crisis.

Valdivia nació después del triunfo revolucionario y atribuye parte de su trayectoria a ese sistema.

Nací en la revolución ya través de eso me he podido encaminar», dice.
Sin embargo, el rostro de Fidel Castro es cada vez menos visible en las calles cubanas.

Tras su muerte, una ley prohibió erigir monumentos en su honor o utilizar su nombre para bautizar instituciones públicas. A ello se sumó el deterioro de las grandes vallas propagandísticas que durante décadas dominaron distintos espacios de la isla.

El cambio visual es también un cambio generacional.

La presencia de Fidel ya no depende únicamente de los monumentos o de la propaganda oficial. Sobrevive en fotografías privadas, recuerdos familiares, talleres, viviendas y conversaciones.

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