En los últimos años, la libertad de prensa en América ha registrado un retroceso, con una caída de 14 puntos desde 2022 en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, de acuerdo con la organización Reporteros Sin Fronteras.
El descenso en el continente es comparable con regiones como Europa del Este, Asia Central, Oriente Medio y Norte de África, consideradas entre las más complejas para el ejercicio periodístico. Este contexto se suma a condiciones estructurales como la fragilidad económica de los medios y la persistencia de la violencia contra la prensa en América Latina.
En 2026 se consolida una tendencia en la que las autoridades incrementan las presiones sobre el periodismo mediante retórica hostil, restricciones legales y administrativas, limitaciones en el acceso a la información pública y el uso de mecanismos judiciales.
Estas prácticas incluyen procesos legales dirigidos a frenar coberturas informativas, así como acciones que derivan en la criminalización del periodismo. En contextos de violencia vinculada al crimen organizado, la falta de protección incrementa los riesgos para quienes ejercen esta labor.