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¿POR QUÉ EL DÍA DEL PADRE SIEMPRE SE CELEBRA EN DOMINGO?

Cada junio, miles de familias en México se preparan para celebrar el Día del Padre. A diferencia del Día de la Madre, que tiene una fecha fija (10 de mayo), esta celebración siempre ocurre en domingo, específicamente el tercer domingo de junio. ¿Cuál es la razón de esto? ¿Por qué no se celebra en una fecha fija? Y más aún, ¿cómo empezó esta tradición? A continuación, te contamos todo lo que necesitas saber sobre esta conmemoración que honra a los padres y su rol en la familia.

La elección del tercer domingo de junio responde a un criterio práctico: es un día que facilita la reunión familiar. No hay clases ni trabajo en la mayoría de los casos, lo que permite que hijos, hijas y padres tengan tiempo disponible para compartir.

Además, al no estar ligado a un evento histórico o religioso en particular, se permite una mayor flexibilidad para que cada familia lo celebre según sus propios valores y dinámicas.
Esta decisión también coincide con la intención original en Estados Unidos: tener un día exclusivo para reconocer el esfuerzo y la dedicación de los padres, sin interferencias con otras fechas marcadas en el calendario oficial.

¿QUÉ ES EL PRIDE Y POR QUÉ SE CELEBRA EN JUNIO?

El mes de junio es reconocido a nivel mundial como el Mes del Orgullo, un periodo en el que las comunidades LGBTQ+ celebran la libertad de ser quienes son, a la vez que recuerdan una historia marcada por la lucha, la resistencia y la búsqueda de igualdad.

Aunque hoy en día se asocia con coloridos desfiles, festivales y eventos multitudinarios, el origen del Pride está profundamente vinculado a un momento de confrontación y valentía: el levantamiento de Stonewall, ocurrido en junio de 1969 en la ciudad de Nueva York.

En la madrugada del 28 de junio de 1969, la policía de Nueva York llevó a cabo una redada en el Stonewall Inn, un bar frecuentado por la comunidad gay en el barrio de Greenwich Village.

Las redadas en este tipo de establecimientos eran comunes en aquella época, cuando las leyes estadounidenses criminalizaban las relaciones homosexuales y etiquetaban a las personas LGBTQ+ como “ofensores sexuales”.

Muchos eran encerrados en instituciones mentales y sometidos a tratamientos brutales, como electroshocks o incluso lobotomías.

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