El Servicio de Administración Tributaria (SAT) ha adoptado una postura de transparencia proactiva al hacer públicos los criterios bajo los cuales programa sus auditorías a los contribuyentes.
Esta medida busca establecer un «piso parejo» en el cobro de contribuciones, brindar certidumbre jurídica a los contribuyentes y, fundamentalmente, combatir la evasión y elusión fiscal con un enfoque riguroso y apegado a la ley.
El objetivo del SAT es claro: focalizar sus recursos en aquellos contribuyentes que demuestran conductas de alto riesgo.
El SAT aclara que solo audita a los contribuyentes que presentan indicadores específicos de alto riesgo fiscal. Estos indicadores sugieren la intención de dejar de pagar impuestos, no enterar retenciones o buscar saldos a favor de manera indebida.
Operaciones con Empresas Factureras: Aquellos que celebran operaciones con compañías identificadas como «factureras» o «nomineras» (empresas que simulan operaciones).
Pérdidas y Deducciones: Contribuyentes que presentan pérdidas fiscales recurrentes o que simulan y abusan de las deducciones permitidas.
Inconsistencias de Ingresos: Obtención de ingresos que no son declarados o que presentan inconsistencias entre lo que se compra/importa y lo que se vende.
Comercio Exterior Irregular: Importación de productos con precios notoriamente por debajo del mercado o el incumplimiento de regulaciones y restricciones no arancelarias.
Retenciones Omitidas: La falta de pago o entero de las retenciones correspondientes a los impuestos de sus empleados.
Fiscalidad Internacional: Realización de operaciones con paraísos fiscales o la solicitud de devoluciones que resultan improcedentes.
Tasa Efectiva Baja: Pago de impuestos en una tasa efectiva significativamente menor en comparación con el promedio de su sector económico.