Un reciente estudio liderado por el Jet Propulsion Laboratory de la NASA ha confirmado que la Luna no solo presenta diferencias visibles entre su cara cercana y su hemisferio oculto, sino que estas desigualdades también se extienden a su interior.
Utilizando datos de la misión GRAIL y publicado en la revista Nature, el equipo científico descubrió que el lado visible del satélite es significativamente más flexible ante la gravedad terrestre que su contraparte opuesta.
Dicha asimetría estructural, medida con un 72% más de deformación de lo esperado en un cuerpo simétrico, representa un giro fundamental en la comprensión de la evolución lunar.
La investigación se centró en el análisis del Love number, un parámetro que mide cuán fácilmente se deforma un cuerpo celeste ante fuerzas externas, como la gravedad.
En el caso de la Luna, los datos mostraron que la cara visible, aquella que siempre apunta hacia la Tierra, presenta una respuesta mucho mayor a la atracción terrestre que el hemisferio oculto.