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TARANTINO PARA TODOS

Nadie sabía quien era Quentin Tarantino 25 años atrás. Nadie. El éxito cayó como un balde de agua fría, dos años antes de Pulp Fiction, cuando presentó en el Festival de Sundance, y después en Cannes, la película Reservoir Dogs (Perros de Reserva). No ganó ningún Oscar ni la Palma de Oro, pero fue suficiente para abrir las puertas de Hollywood e imponer el estilo que lleva su firma registrada.

El director de Django: Sin cadenas explica que esta cinta tuvo una segunda proyección para la gente de la industria, por lo que las cosas mejoraron.
Al preguntársele si se da cuenta del impacto que esta cinta tiene en el mundo, explica que para él “es un orgullo decir que soy director de cine internacional. Es la forma en que yo me veo. No soy un director de cine estadunidense. Soy estadunidense y director de cine, pero hago cine para todo el planeta Tierra. Y desde aquel entonces que recorrí el mundo con Reservoir Dogs vengo haciendo lo mismo. Hago cine para todo el mundo”.

Reservoir Dogs es la historia de seis elegantes ladrones de diamantes que después de escapar de la policía entre disparos, se confrontan para descifrar quién de ellos es el traidor que los delató, sin nombres más allá de un color para cada uno, como Mr. White (Harvey Keitel), Mr. Orange (Tim Roth), Mr. Blonde (Michael Madson), Mr. Pink (Steve Buscemi).

Generando un verdadero espectáculo detrás de la más extrema violencia, Tarantino impuso un estilo muy particular en Hollywood, que lo convirtió en uno de los directores más populares de su generación.

Al cuestionarle cómo se le ocurrió la idea de Reservoir Dogs, dice que no lo recuerda. “Sé que estaba tratando de hacer algo con gente difícil, con cierta comedia alrededor de una muerte existencial. Y para mí, la idea de Mr. White, Mr. Orange, Mr. Blonde, me pareció interesante”, explica y añade cómo fue que él, siendo un total desconocido logró volverse un cineasta.

Al hablar del mejor recuerdo en el rodaje dice que “con Reservoir Dogs me acuerdo de todo, pero uno de los momentos favoritos no tuvo que ver con el rodaje. Cuando terminamos con los ensayos, Harvey organizó una cena en su casa de Malibú, que él estaba alquilando. Yo vivía en Glendale con mi mamá en aquel entonces (ríe) y después de haber visto lo bien que iba todo, lo bien que nos llevábamos entre nosotros, en cierta forma dejé de sentir la presión que había estado sufriendo. Los actores estaban perfectos para cada rol, entendían el material y después de dos semanas de ensayo, lo sabían todo muy bien. Todo estaba listo para filmar. Y ahí me di cuenta que tenía la película entre mis manos, el resto era un postre, ya tenía la cena con ellos, literalmente. Fue lo mejor”.

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